jueves 8 de septiembre de 2011

Cacería

Nunca podremos saber con certeza, pero quizás cuando estamos mirando distraídamente ese evento fuera de lo común en la ciudad, nos perdemos y vagamos como cuerpos sin alma.
Alguna que otra vez otros vendrán a poseernos y la disyuntiva aparecerá
¿soy lo que soy por mi cuerpo o mi pensamiento?
¿por qué me siento tan incómodo en el cuerpo que traigo o me trae?

Tal vez de haber estado más atentos de nosotros mismos y nuestros pensamientos, nos hubiéramos percatado que algo andaba mal, que estábamos fuera de nosotros deambulando por ahí buscando un lugar más cálido y acogedor.

Ahora que me perdí definitivamente ¿dónde me encuentro?
Mi alma inquieta no debe haberse quedado donde se cayó, probablemente está corriendo libre, sin ataduras. Esas que el cuerpo le dio, esas que la atrofiaban la memoria.
Yo también debo correr, pero detrás de ella y pedirle perdón por no tomarla en cuenta.
¡Ay, este cuerpo flojo y caprichoso! ¿cuándo dejará de hacer de las suyas?

Quiero encontrarme. Sí, ya sé que dije que quería escapar, pero el cuerpo se hace más pesado sin ese algo que provoca que vueles (llámalo imaginación, llámalo sentimientos, da lo mismo el nombre).

¿Dónde estás?
Dame una pista.